Un exceso
Era una tarde de mayo, de esas que parecen arrancadas al verano. Enrique iba caminando a paso ligero por la vereda del sol y, ahí, se percató de las primeras gotas de sudor en su frente. Bajó algo la marcha sin detenerse, por miedo a no llegar a la estación a tiempo. Sacó de su bolsillo trasero izquierdo un pañuelo de color blanco que llevaba bordadas sus iniciales y se secó la transpiración provocada por el traqueteo con un gesto firme.