Aquel amanecer de julio en el que Augusto conducía su 504 con rumbo a “La arbolada” el frío arreciaba y la temperatura estaba por debajo de cero en la ruta 9.
Tengo más de 50 años, lo cual, al menos para mí, es un montón.
Empecé con este blog por la necesidad de poner en palabras mis ideas, gustos y pensamientos. Todavía siento un poco de vergüenza cada vez que publico, pero el objetivo sigue siendo el mismo: la constancia que te deposita donde querés estar.
Y escribir es el refugio donde quiero estar. Desde chico sentí que en el mundo de las palabras me sentía cómodo; por eso soy fan de los silencios y amante de la soledad.
Aquel amanecer de julio en el que Augusto conducía su 504 con rumbo a “La arbolada” el frío arreciaba y la temperatura estaba por debajo de cero en la ruta 9.
Los azulejos del baño eran color negro. Siempre pensó que era para evitar que se notase la mugre si la limpieza del establecimiento era defectuosa. Pero, a decir verdad, el San Martín de Tours era un colegio de lo más pulcro, cuestión que echaba por la borda su teoría. Es infantil Augusto, ¿no te das cuenta?, pensó para sí.
Si existiera un medidor de tirantez en las relaciones humanas, me parece que la que componen una madre y su única hija estaría al tope de las mediciones.
Sacudió las hojas que había sobre el asiento de la moto, señal de que el otoño había comenzado de manera prematura.
Se colocó el casco, cruzó su pierna izquierda por encima de la moto y se sentó de forma pesada.
Samarante era un lugar de pocas novedades a decir verdad. Un lugar donde la vida discurría sin mayores sobresaltos.
Algunos hasta podrían tildarlo de un pueblo aburrido. Y no sin razón.

