TENGO ALGUNOS PRINCIPIOS Y MUCHOS FINALES

Clases de Bondad

Por wpetina

Hay una pregunta que atraviesa buena parte de los vínculos humanos y que casi nunca nos permitimos formular con la crudeza necesaria: hasta dónde estamos dispuestos a llegar para conservar el lugar que ocupamos en la vida de otro. La pregunta incomoda porque la respuesta rara vez es heroica. Suele ser mezquina, sumisa, hecha de pequeñas renuncias a uno mismo que se acumulan hasta volverse invisibles para quien las comete. Yorgos Lanthimos lleva más de una década construyendo una filmografía entera alrededor de esa incomodidad y con Kinds of Kindness (2024) ofrece, me atrevo a decir, su exploración más despiadada y más precisa del asunto hasta la fecha. Nadie en el cine de estos últimos años ha sabido incomodar con esa exactitud quirúrgica los vínculos donde el afecto se paga en obediencia.

La película, que se puede ver en la plataforma Disney+, se organiza en tres fábulas independientes que comparten elenco, título y una presencia fantasmal: un tal R.M.F., que aparece y desaparece sin que el guión se moleste nunca en explicarlo del todo. En la primera, Robert vive bajo el diseño total de Raymond, un jefe que decide qué come, con quién duerme y qué libro debe leer, a cambio de una provisión constante de bienes materiales y de algo más difícil de nombrar: aprobación. En la segunda, un policía recibe de vuelta a su esposa tras un naufragio y empieza a sospechar que la mujer que volvió no es exactamente la que se fue, aunque la evidencia para sostener esa sospecha sea, en el mejor de los casos, delirante. En la tercera, dos miembros de una secta costera buscan a la elegida capaz de resucitar a los muertos, y la fe se vuelve el único territorio donde la crueldad puede ejercerse con la conciencia tranquila. Las tres historias, leídas en conjunto, dibujan una misma pregunta con disfraces distintos: hasta qué punto alguien es capaz de hacer cualquier cosa por sostener lo que tiene. Y, en el fondo, una pregunta todavía menos cómoda dirigida a quien mira: hasta qué punto cada uno de nosotros estaría dispuesto a hacerlo.

Lo notable de Kinds of Kindness no es solo el tema, que Lanthimos viene rumiando desde Dogtooth (2009), sino la maquinaria que eligió para exponerlo. El director recupera para esta película a Efthimis Filippou, su cómplice de guión en Dogtooth, Alps, The Lobster y The Killing of a Sacred Deer, tras el paréntesis de The Favourite y Poor Things, escritas con Tony McNamara y de un pulso más cálido, más accesible al gran público. Con Filippou de vuelta, regresa también el registro helado, la sintaxis quebrada de los diálogos, la crueldad servida sin subrayado emocional. La comparación con Dogtooth no es un gesto de nostalgia crítica: es casi obligatoria. Aquella película construía un microcosmos doméstico donde un padre inventaba un sistema entero de reglas arbitrarias para mantener a sus hijos en un cautiverio que ellos mismos llegaban a desear. Kinds of Kindness multiplica ese experimento por tres y lo saca de la casa: lo lleva a la oficina, al matrimonio, al culto religioso. El patriarca de Dogtooth y el Raymond de esta película son la misma figura con trajes distintos, y los hijos que inventan su propia religión doméstica para sobrevivir al encierro son primos directos de los devotos que en el tercer segmento esperan una resurrección con la misma fe ciega con la que Robert espera una aprobación.

Ahí aparece el otro gran acierto de la película: la manera en que cruza la fe religiosa, el mundo onírico y la locura sin que ninguno de los tres registros pise al otro. Lanthimos y su director de fotografía, Robbie Ryan, filman con una paleta amarillenta y deliberadamente sosa, casi anestesiada, que combinada con composiciones de simetría kubrickiana produce el efecto de estar mirando un sueño mal ventilado. La partitura, entre piano disonante y coros que aparecen donde no deberían, termina de instalar esa sensación de que la realidad de estos personajes ya cedió terreno frente a algo más parecido a la fiebre. La segunda historia, con su policía que no logra decidir si su esposa volvió del mar como impostora o si es él quien perdió el juicio, funciona como bisagra perfecta entre la fe y la locura: ambas son, al fin, formas de creer sin pruebas.

Sobre esa arquitectura se apoya la decisión más audaz de la producción, y también la más difícil de encontrarle antecedentes: los mismos cinco actores, Emma Stone, Jesse Plemons, Willem Dafoe, Margaret Qualley y Hong Chau, interpretan personajes completamente disímiles en cada uno de los tres segmentos, sin que haya continuidad de identidad entre ellos. El precedente más claro que encontré, salvando las distancias temáticas, es Cloud Atlas (2012), donde un elenco reducido encarnaba personajes de géneros, razas y épocas distintas a lo largo de seis historias entrelazadas. Pero ahí la elección respondía a una tesis de reencarnación, de almas que migran y eventualmente se liberan a través del tiempo. Lanthimos invierte esa lógica: sus actores no trascienden nada, están condenados a repetir, bajo cualquier disfraz, la misma estructura de entrega o de abuso. Vale mencionar también, aunque el mecanismo sea distinto, la figura silenciosa que interpretaba Artur Barciś en el Decálogo de Kieślowski, apareciendo en casi todos los episodios como testigo mudo que nunca interviene: R.M.F. cumple una función de hilván parecida, la de un cuerpo que atraviesa las tres fábulas sin pertenecer del todo a ninguna, recordándonos que se trata de variaciones de un mismo experimento y no de historias sueltas.

Ese ejercicio de plasticidad actoral tiene, además, un nombre propio, y es Emma Stone. Después de The Favourite y sobre todo de Poor Things, la actriz se consolida acá como la musa evidente del director, la que se anima a lo físicamente incómodo y a lo emocionalmente indefendible sin pedir ninguna garantía de simpatía del espectador. Sus tres personajes, la dama de un encuentro ¿casual?, la esposa sumisa que vuelve del mar y la devota enceguecida, funcionan como el tejido conector más elocuente de la película, incluso por encima de R.M.F. Jesse Plemons la acompaña con un registro que va de la desesperación a la depravación sin transición visible, y Dafoe, Qualley y Chau completan un elenco que se entrega al director con una confianza que ya es su marca registrada.

Frente a Poor Things, que encontraba en la reinvención de un cuerpo una vía hacia la libertad y hasta cierta ternura, Kinds of Kindness elige no ofrecer salida. No hay emancipación posible en ninguna de las tres historias, solo distintos grados de entrega. Ahí está, creo, la verdadera provocación del guión y de la puesta en escena trabajando juntos: Lanthimos no denuncia la sumisión desde afuera, la filma desde adentro, con la cámara tan cómplice del delirio de sus personajes que termina volviéndonos cómplices también a nosotros. La pregunta que la película deja flotando no se resuelve en la sala. Se la lleva cada uno a su casa, a su trabajo, a sus propios vínculos de aprobación. Y ahí, me temo, empieza la parte que ninguna reseña puede responder por el lector.

Título original: Kinds of Kindness

Año: 2024

Duración: 165 min.

País: Irlanda

Dirección: Yorgos Lanthimos

Guión: Efthymis Filippou, Yorgos Lanthimos

Reparto: Emma Stone, Jesse Plemos, Willem Dafoe, Margaret Qualley, Hong Chau

Música: Jerkin Fendrix

Fotografía: Robbie Ryan

Compañías: Coproducción Irlanda-Reino Unido-Estados Unidos; Element Pictures, Film4 Productions, Fox Searchlight. Distribuidora: Searchlight Pictures, Disney+

Género: Comedia dramática. 

También te puede gustar

Deja un Comentario