No sé nadar, una limitación que llevo como una carga de toda mi vida. Pero debo reconocer que el término “bucear” me viene como anillo al dedo en Internet. 

Digo esto porque, hace un par de semanas, investigando para un posteo que pensaba hacer en las redes acerca de Manuel Puig y su libro “Boquitas pintadas”, obra que había leído hace mucho y que repetí ahora, descubrí que el autor argentino nacido en General Villegas (1932-1990) se había iniciado en el cine. Más precisamente, sus comienzos se dieron trabajando para los laboratorios Alex, cosa que logró merced al contacto que hizo por él una actriz del elenco de la película “Deshonra”.

En este punto podría haber terminado mi búsqueda respecto de la información que necesitaba para el posteo que les contaba más arriba. Ahora bien, para mí, la magia de navegar en Internet consiste en dejarse llevar por las diferentes “puertas” que aparecen en nuestras lecturas y el poder ir escogiendo cuáles de ellas abrir.

Un link me convocaba a ver qué era “Deshonra” y me encontré con una realización del director Daniel Tinayre del año 1952.

Como ya les he contado en varias notas de este blog, soy un ferviente consumidor del cine de todos los tiempos y, prácticamente, de todos los géneros (aunque debo confesar mi ignorancia en el rechazo a las pelis de terror y los musicales). Con todo, en cuanto a la producción argentina, la que corresponde a la década del cincuenta ha sido sumamente prolífica.

Metiéndonos de lleno en esta obra del director de la también recordada “Vendedora de fantasías”, “Deshonra” relata la historia de Flora, interpretada por Fanny Navarro. Nuestra protagonista es una chica del interior que viene a Buenos Aires para estudiar enfermería, quien se ve involucrada y, posteriormente, culpada por un crimen que no cometió. Hasta ahí, podríamos decir que es una película más del cine policial negro, que tuvo bastante desarrollo en nuestro país durante esa década, pero también surgen varios niveles de análisis posibles a partir de la trama.

El personaje de Flora aparece como la mujer engañada por el millonario que ostenta la relación de amantes entre ambos con despotismo, así como el maltrato y desprecio hacia su esposa. La cónyuge es interpretada por la genial Tita Merello, que yace postrada en una silla de ruedas y a la que su marido, desde el vamos, se sabe que desea ver muerta por motivaciones económicas más que románticas. Y Flora es el “chivo expiatorio” perfecto para esta jugada.

Si bien la película va y viene en el tiempo con el juego de las escenas, es desde aquí donde se sitúa en la cárcel de mujeres, con una directora del penal y su grupo de asistentes ejerciendo una violencia desmedida, lo que muestra el estado del sistema penitenciario de aquella época, que no dista demasiado del actual.

Esta situación es llevada hasta el extremo por Tinayre con la escena de las mujeres presas sometidas a un baño con una manguera de bomberos en el patio del penal. La secuencia termina con la muerte de una de ellas, quien previamente venía mostrando señales claras de haber contraído una enfermedad pulmonar.  

Cabe señalar que la creación de una atmósfera tan oscura y violenta es uno de los méritos más destacables del filme.

A partir de allí, un cambio de directora, una modificación de los planos de oscuridad de la película a una fotografía mucho más clara y despejada, y la posibilidad de mostrar un proceso de mejora de ese sistema tan abusivo.

Sin contar más acerca de esta realización que -además- culmina con un final inesperado (al menos para mí), la situaciones y escenas que se observan a lo largo del filme son de una crudeza rupturista para esos años. Sin ir más lejos, se da a entender una relación entre dos reclusas, que hoy pasaría totalmente inadvertida, pero que -supongo- debe haber causado revuelo en las crónicas de esa época.

Más allá de estos datos anecdóticos, “Deshonra” muestra a una mujer en primer plano y a otro grupo de ellas buscando reivindicar sus derechos, defender sus posiciones y, finalmente, logrando justicia para esas condiciones realmente inhumanas.

Me quedo con el concepto de empoderamiento de género que hoy nos resulta aún muy luchado, pero sin dudas instalado en la sociedad, lo que en ese momento -sospecho- ni se podía configurar.

Por lo demás y con la advertencia de que la peli está -lamentablemente- en un muy mal estado de conservación (sigo buscando si existe alguna copia remasterizada), la recomiendo ampliamente. 

Ficha técnica

Título: Deshonra
Dirección: Daniel Tinayre
Ayudante de dirección: José Martínez Suárez
Guión: Daniel Tinayre, Alejandro Verbitsky y Emilio Villalba Welsh
Música: Julián Bautista
Sonido: Juan Carlos Gutiérrez
Fotografía: Alberto Etchebehere
Montaje: Nicolás Proserpio
Escenografía: Álvaro Durañona y Vedia

Protagonistas

Fanny Navarro
Mecha Ortiz
Tita Merello
Jorge Rigaud
Guillermo Battaglia
Francisco de Paula
País: Argentina
Año: 1952
Género: Drama
Duración: 101 minutos
Idioma: Español

Artículo anteriorLa mecedora
Artículo siguienteCata de vino: Siesta en el Tahuantinsuyu
Me llamo Walter Petina, soy argentino, porteño y tengo 48 años. Tengo una hija de 12 años que sin dudas es el máximo logro de mi vida. Se llama Miranda (como el personaje de la “Tempestad”, de William Shakespeare) y, más allá de que sea mi hija, es un ser humano increíble. De chico y gracias a mi viejo, conocí el valor del trabajo y cómo llevar adelante un negocio. Desde hace casi veinte años, soy empresario en el sector del software y el hardware, y dediqué prácticamente toda mi vida laboral a la comercialización de productos. Trato, todo el tiempo, de mantenerme incentivado con nuevos proyectos, porque pensar y hacer nuevas cosas me trae la energía que necesito para levantarme todos los días muy temprano y con muchas pilas. Este blog es un nuevo desafío que encaro con la misma voluntad y dedicación que todo los otros. ¡Gracias!

Contestar

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.